El viejo Malè

Todas las mañanas nos despertaba el tic, tic, tic, en la puerta de la casa.

Pronunciaba el nombre de mi madre y comenzaba un dialogo mañanero lleno de ternura.Generalmente hablaban de salud, después del saludo. Luego seguía la pregunta, ¿cómo están los niños? Pues mi madre vivía sola con nosotros.

Corríamos a saludarle mi hermano y yo. Le pedíamos su bendición.

- La bendición abuelo
- Dios me los bendiga

Tocaba mis cabellos suavemente y nos sonreía. No era muy dado a ese tipo de expresión, pero para nosotros siempre estaba listo a cambiar su forma estricta y a veces gruñón.

Hombre de piel canela, de un tamaño normal, pelo negro con canas, que ya le estaban ganando la batalla por los años. Sus ojos eran marrones oscuro, con el brillo del cansancio ya en su rostro. Nunca dejo de usar su sombrero.

Caminaba mucho, pues vivíamos a varios kilómetros de distancia. Su cuerpo fue cambiando con el paso del tiempo. Su espalda se fue transformando, en esa época no conocíamos esa enfermedad, que luego fue heredada por mi madre – Osteoporosis –

Fue un buen padre, pendiente siempre de mi madre (y demás hijos), cuando se les veía conversar no parecían padre e hija. De su primer matrimonio con mi abuela (que falleció bien joven) nacieron 5 hijos – 3 hembras y 2 varones, del otro matrimonio – 2 hembras y 2 varones.

Una tarde llegue de la universidad y pregunte a mi mamà ¿Y el viejo Malè? Así le llamábamos después de adolescentes.

- Está enfermo de gripe.

Pasaron los días y siguió mal, hubo que ingresarlo en el hospital. Sólo duró una semana.

Murió de un Edema Pulmonar dijeron los médicos.

Aún le recuerdo, y siento que esa parte de nosotros no está, pero dejo buenos ejemplos.

5/02/07